En un reciente desayuno por la innovación, que periódicamente organiza la consultora AYMING, tuve el placer de presentar al actual Director General del CDTI, José Moisés Martín Carretero. El objetivo de la sesión era comunicar el nuevo Plan Estratégico de la Agencia y tras una descripción detallada de sus objetivos se abrió un debate que fue intenso, prolijo y rico en matices.
Me quiero quedar con uno, en el ámbito de la opinión pública y de la sociología ciudadana, que nos lanzó el ponente a la audiencia: ¿Cuáles son las causas de la falta de valoración positiva de la innovación por parte de la ciudadanía española?
Para apoyar ese hecho el mejor dato contrastado se encuentra en la Encuesta de Percepción Social de la Innovación en España que realizó COTEC en colaboración con Sigma Dos en el año 2023. Entre sus párrafos he encontrado el siguiente texto: «El 76% de los encuestados percibe la innovación como un fenómeno positivo. En cambio, la percepción de España como un país en la media de la UE en innovación ha caído 12 p.p. en cinco años (47% en 2022)».
Puesto a reflexionar, como buen alumno tras la pregunta, en las causas que explican tanto la razón de que España esté en los indeseados puestos en los que nos encontramos (26 ó 27 en los rankings mundiales) como en la valoración que la ciudadanía tiene sobre esta actividad, no me cabe otra opción que volver a lo ya tan reiteradamente expresado en otras tribunas.
Para avanzar en los puestos mundiales de innovación hay que poner a la empresa en el centro y ajustar la regulación que rige su modus operandi. Los países que lideran estas clasificaciones así lo evidencian y por lo tanto no parece muy difícil extraer sus conclusiones y actuar en consecuencia. El papel de la REGULACIÓN en este cambio de escenario es tan importante como el expresado de los volúmenes de fondos puestos a disposición. Actuar en modo sistémico, en varios frentes coordinados es condición necesaria para la mejora. El Plan Estratégico del CDTI persigue hacer eso y por lo tanto es tan bienvenido.
Para mejorar en la percepción de la ciudadanía, si partimos de que la empresa es el motor de la innovación, en España necesitamos, de forma imperiosa, modificar la valoración que le damos al empresario, tan a menudo relacionado en los medios de comunicación con las actitudes no ejemplares. Esos comportamientos que también se dan, por desgracia en otros campos profesionales, suelen asociarse, de forma desproporcionada, en el caso de las personas que se sitúan al frente de las empresas. Solo cambiando ese discurso mediático, podríamos identificar a aquellas personas que con méritos más que merecidos apuestan por innovar en sus campos de actividad y con ello transmitir a sus conciudadanos las ventajas de su desempeño.
Este problema que tiene su expresión más aguda en España está también presente en Europa y por ello nos cabe volver a centrarnos en las propuestas de Draghi y de Letta en los que nos invitan a cambiar nuestras apuestas en el mundo de la innovación. Construyendo, de entrada, la quinta LIBERTAD adicional a las cuatro que conformaron la Unión Europea, específicamente enfocada en una INNOVACIÓN que como las personas y los capitales puedan correr por los territorios de esta Europa que tiene ahora la oportunidad de convertirse en un actor relevante en el actual conflictivo momento geopolítico. Continuando con las muy importantes recomendaciones que nos hace Draghi sobre cómo mejorar en términos de gobernanza, flexibilidad regulatoria, enfoque en misiones y un largo etcétera.
Pasando a la puesta en práctica de estas iniciativas hay que actuar en dos frentes, el del protagonismo de los agentes innovadores y en los modos en que se comunican estas acciones que persiguen un bien común. En el primer ámbito, en las sociedades abiertas ese rol lo juegan los medios de comunicación. Tendremos que tratar de explicar, siguiendo algunos buenos ejemplos anteriores, los beneficios que se obtienen de las acciones innovadoras y asociarlas a quienes las producen. Me parece que el binomio CIENCIA- INVESTIGADORES, que como consecuencia de la COVID-19 ha mejorado su valoración ciudadana, debería ser un ejemplo para seguir en el caso de la INNOVACIÓN – EMPRESARIOS.
En otras vías de comunicación la existencia de Ferias con amplia participación, el máximo ejemplo lo tenemos en el caso del MWC, donde se popularicen avances y progresos debe ser un camino para recorrer. Esta semana se celebra la FERIA TRANSFIERE en la ciudad de Málaga y allí nos reuniremos gran parte del ecosistema innovador, abierto al mundo, con participación de todas las Comunidades Autónomas, Centros Tecnológicos, Parques, Clústeres, Universidades y empresas. Sería deseable que sus debates traspasarán las paredes de FYCMA y llegasen a las casas de los ciudadanos en términos cercanos y comprensibles. Así, tal vez, mejoraría esa valoración sobre la innovación que no nos puede dejar tranquilos.


