Ya se conoce el contenido del informe GLOBAL INNOVATION INDEX 2024 que cada año publica World Intellectual Property Organization (WIPO), una oficina de Naciones Unidas dedicada a elaborar un ranking de las economías del mundo de acuerdo con sus capacidades innovadoras. Otro año más al frente de esta lista de países se sitúa Suiza, seguida de Suecia y de Estados Unidos.
España se sitúa en el puesto 27 entre las 133 naciones a las que se somete a escrutinio mediante 80 indicadores con medidas bien diversas. Con ese mismo baremo, nos situamos en la posición 17 entre las 39 economías europeas. En el año 2024 se ha avanzado una posición, habiendo mejorado la posición en 7 indicadores y empeorado en 5. Se añade la tabla de indicadores específicos de España para su consideración en detalle.
Esos indicadores se agrupan en siete áreas, dentro de las cuales nuestra posición se sitúa en puestos avanzados en Infrastructure (posición 14), Creative Outputs (23), Knowledge and Technology Outputs (24) y Human Capital and Research (27). Por el contrario, España se posiciona peor en Institutions (49), Market sophistication (33) y Bussines sophistication (31).
Este diagnóstico se suma a los existentes en el European Innovation Scoreboard que este año ha situado a España en la posición 16, siempre dentro del insatisfactorio grupo de Países Moderadamente Innovadores. Tenemos, por lo tanto, diagnóstico del estado de salud de nuestro enfermo. Y reitero lo de “malito” pues esas posiciones no se corresponden con otras que nos sitúan como la 15 economía mundial según el FMI o la 11 en publicaciones científicas.
Si ya conocemos nuestros puntos débiles parece que es la hora de ponerse a actuar para corregirlos. En eso hay, por primera vez, una fuerte coincidencia por parte de los sectores públicos responsables de tomar la iniciativa y la sociedad civil organizada en este ecosistema tan complejo. Lo podemos oír en las expresiones de todos y también se sitúa, cada vez más en el frontispicio de este asunto la idea de que para salir de esta situación no vale actuar solo en el ámbito de las políticas clásicas de I+D.
Mirando aquellos indicadores donde la posición de España es más deficiente he encontrado tres que por su relevancia me han llamado mucho la atención. Me refiero al relativo a Labour productivity growth (103), Gross capital formation (90) y Policy stability for doing business (93). Como se puede ver se trata de elementos directamente implicados en aproximaciones económicas del país que, por supuesto influyen de forma muy notable, en la consideración del mismo a la hora de su posición innovadora.
Si hablamos del primero de esos tres aspectos, el de la productividad del trabajo, hay que destacar que Europa entre el cuarto trimestre del 2019 y el segundo del 2024 ha incrementado este índice en 0.9% mientras que en Estados Unidos creció en el 6.7%. Las razones de esta abismal diferencia son múltiples, pero sin duda alguna una destaca, la apuesta del país norteamericano por industrias relacionadas con sectores punteros de las Telecomunicaciones, la Inteligencia Artificial los sistemas de Información. Y aquí aparece la estrecha relación entre la Innovación y la I+D. Aquellos países que apuestan por estar muy activos en los segmentos de más alto crecimiento a través de la inversión reforzada en la creación de nuevos valores, de forma consecuente, lideran las economías mundiales y por lo tanto su posición en estos rankings que nos ocupan.
Si nos fijamos en el segundo, la Formación Bruta de Capital, estamos hablando de elementos muy conectados entre si con los otros indicadores. En ese indicador se mide el valor de las adquisiciones de activos fijos nuevos o existentes menos las cesiones de activos equivalentes realizados por el sector empresarial, los gobiernos y los hogares. Es decir, la creación de valores nuevos que normalmente vienen originados en los cambios profundos de usos y costumbres de las sociedades, los cuales se derivan de serias modificaciones que la tecnología introduce en la vida de los ciudadanos. Otra vez, un asunto de política económica que tiene una muy seria influencia en cómo se ven a los países desde otras ópticas más sofisticadas.
El tercero de estos elementos, Estabilidad para hacer negocios, elegidos debido a sus indeseadas posiciones, se refiere a la situación hacia la que se dirigen la políticas a la hora de mantener sus posiciones que están actuando, diversificar o mantener el status quo de los sectores empresariales. Otra visión complementaria de las dos anteriores en la que, una vez más, se refleja la influencia de tomar, por parte de los Estados, decisiones que vayan en la senda de seguir como estamos, o de avanzar con paso decidido hacia los sectores de futuro que van a conformar el cuadro de países avanzados, innovadores.
Hay otros muchos más indicadores relevantes entre estos 80 pero hoy me he detenido en estos tres para reiterar mi conclusión de que los que defendemos la INNOVACIÓN como un elemento de progreso tenemos que ampliar el foco de nuestras preocupaciones y empezar a hablar con otros actores del sistema a los que explicar cómo impactan en los países algunas de sus no acertadas decisiones. En ese aspecto es muy de felicitarse la nueva orientación del equipo del Ministerio de Industria que considera la innovación dentro de sus primeras preocupaciones dentro de la futura, ya inminente, Ley de Industria.
Imágenes: Global Innovation Index 2024 / Labour productivity growth in the euro area and the United States: short and long-term developments / European Central Bank


