Viva el ingenio

Por supuesto que creo que el ingenio es una de las fuerzas que movilizan el progreso de la humanidad y que se merece que se le ensalce en unos momentos tan duros como los que nos está tocando vivir. Ingenio para empujar innovadoras vacunas, ingenio para concebir nuevas formas de vivir en un planeta tan amenazado por el cambio climático, inteligencia y decisión que nacen de la cepa del ingenio. Pero hoy no me refiero a ese concepto genérico, sino que quiero detenerme en hablar del SATÉLITE INGENIO que ha ocupado algunas columnas en las páginas de los periódicos en estos últimos días.

 

Y lo hago al haber estado, en alguna manera, involucrado en la decisión final de que esa aventura de la industria espacial española llegase a buen término. Y llegó, después de algunos contratiempos de arranque, de errores que se supieron corregir, con retrasos que no se consiguieron evitar, y el satélite se montó en una lanzadera alquilada, en la que España ni su industria espacial tenían ninguna responsabilidad. Se depositaban todas las esperanzas de ese intenso trabajo en las manos de uno de los líderes globales, encargado de llevar el satélite a su sitio y dejarlo allí para que cumpliese con su misión: observar el planeta tierra y asegurarnos una soberanía estratégica en el Dato, imprescindible para sociedades que no quieran depender de terceros en algunos asuntos bien sensibles.

 

«…el satélite se montó en una lanzadera alquilada, en la que España ni su industria espacial tenían ninguna responsabilidad»

 

Fruto de esos convencimientos – ventajas indiscutibles – esperé con intensidad el momento en el que INGENIO se pusiese a trabajar y la noche del pasado día 17, seguí con pasión su lanzamiento que inesperadamente falló. Algo que puede pasar, que no debió pasar pero que pasó. Y ahí empezó algo peor que el fallo en si mismo; algunos medios de comunicación y algunos ignorantes, a través de las redes sociales, comenzaron a denostar la tecnología española, el gasto realizado, la falta de acierto de los gestores, al final a castigar a un tejido industrial español que había realizado bien su trabajo. Y eso es grave pues socaba la confianza de la sociedad española en sus propios medios; y eso en el momento en que se reclama con más intensidad que nunca que debemos incrementar, de forma notable, nuestra inversión pública y privada en I+D+I. Y se hace, justamente en un sector, el espacial que es un buen ejemplo de cómo en muy pocas décadas se puede pasar de la nada a ser un actor reconocido en el mundo global.

 

Si queremos cambiar el esquema actual del tejido empresarial, no estaría de más estudiar lo que se hizo en los últimos treinta años en el espacio español, que representa una buena muestra de la cooperación público-privada y del más que positivo rol del CDTI como representante de ese sector en la Agencias Europea del Espacio (ESA). Eso, y no desenfocar un fallo de otros, sería más útil para nuestra sociedad que caer en el reiterado molde de no confiar en nuestras propias capacidades. Hubo problemas que llevaron a que el proyecto fuese con retraso, problemas que se superaron y que, como suele pasar en la I+D+I – aprender de los errores – han permitido que la ESA haya encargado a España, en fechas bien recientes y a través de AIRBUS España, dos nuevos satélites LSTM de nueva generación para la observación de la tierra. He aquí, el resultado de algo implícito en la innovación: tirar del ingenio para llegar a nuevos sitios, por caminos no explorados, pero con objetivos bien definidos.

 

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